Erreferenteak parte de una idea poco cómoda y profundamente necesaria: la jubilación no marca una retirada automática de la vida social, sino una nueva elección sobre cómo seguir estando presente, siendo útil y tendiendo puentes entre generaciones. La página oficial sitúa el encuentro el 28 de abril en la Sala BBK de Bilbao y lo presenta desde un mensaje central inequívoco: hay personas en Bizkaia que han convertido su experiencia en acción, enseñando, acompañando, creando y cuidando.
Durante demasiado tiempo, el imaginario dominante ha colocado la jubilación en un marco equivocado. Primero, se trabaja. Después, se “descansa”. Como si toda la contribución valiosa estuviera concentrada en la etapa laboral remunerada y, a partir de cierto momento, lo razonable fuera retirarse del centro de la vida colectiva. Esa idea no solo se ha quedado vieja. Además, desperdicia una cantidad enorme de experiencia, criterio, serenidad, oficio y capacidad relacional que la sociedad necesita más que nunca.
El problema de fondo no es únicamente la soledad. Tampoco es solo la falta de actividades. El problema es más estructural: faltan espacios, formatos y relaciones en los que las personas puedan seguir siendo útiles, visibles, conectadas y valiosas para otras generaciones. Cuando eso no existe, la jubilación corre el riesgo de vivirse como una pérdida de lugar. Cuando sí existe, puede transformarse en una etapa de impacto distinto: quizá menos ligada a la productividad clásica y más ligada al sentido, al vínculo, al acompañamiento, a la transmisión y a la construcción de comunidad.
Por eso conviene ser precisos. Hablar de jubilación activa sin concretar nada acaba sonando a eslogan. Lo verdaderamente importante es otra cosa: que una persona pueda elegir cómo seguir aportando, con qué ritmo, desde qué saberes y en qué relación con otras personas. Para alguien será enseñar. Para otra persona, acompañar. Para otra, abrir su casa. Para otra, activar barrio, apoyar un proyecto, formar a gente joven, mentorizar, escuchar, organizar o simplemente sostener una presencia valiosa donde hace falta criterio.
Ese giro es decisivo porque devuelve agencia. La persona mayor deja de aparecer como receptora pasiva de propuestas diseñadas por otros y vuelve a ocupar el lugar que le corresponde: el de alguien con criterio, historia, preferencias, límites y capacidad de decisión. No se trata de idealizar ninguna etapa vital ni de exigir que todo el mundo emprenda una causa heroica. Se trata de reconocer algo mucho más simple y mucho más serio: la experiencia acumulada es un activo social infrautilizado.
La propuesta de Erreferenteak gana valor porque no parte de una idea abstracta sobre la jubilación, sino de ejemplos visibles y cercanos. La presentación oficial del evento lo resume así: en Bizkaia hay personas que han convertido su experiencia en acción, enseñando, acompañando, creando y cuidando, mientras fomentan la intergeneracionalidad y el intercambio de saberes. Ese es el corazón del planteamiento. No hablar sobre una etapa de la vida desde fuera, sino mostrar personas reales que ya han decidido cómo quieren seguir estando presentes en el mundo.
Además, el programa no se limita a una sola mirada. La agenda publicada incluye apertura, charlas referentes y mesas redondas sobre inclusión, liderazgo y compromiso social. Entre los perfiles anunciados aparecen personas vinculadas al voluntariado, al deporte, a la mentoría sénior, a la participación juvenil, a la convivencia intergeneracional y a proyectos comunitarios. Ese cruce importa porque evita el error de reducir la aportación social en la madurez a un único formato. Aportar no significa siempre lo mismo. Y precisamente por eso el evento puede resultar útil para que cada asistente encuentre su propia vía.
También hay un valor adicional: el evento baja la conversación a tierra. Hablar de longevidad desde una lógica institucional vacía no transforma nada. En cambio, cuando una persona puede verse reflejada en alguien de su entorno —o al menos en alguien que no parece una figura inalcanzable— se activa algo distinto. Aparece la posibilidad real de pensar: “yo también podría dar un primer paso”. Y eso, en este tema, vale mucho más que cualquier discurso brillante.
| Hora | Bloque | Qué aporta al enfoque del artículo |
|---|---|---|
| 09:15h | Recepción de invitados | Abre un espacio de encuentro entre personas y proyectos que ya están pensando la jubilación desde la participación. |
| 09:45h | Charla referente con Martín Fiz | Introduce una mirada donde deporte, salud y comunidad se conectan con bienestar e intergeneracionalidad. |
| 10:15h | Mesa sobre inclusión | Acerca el foco a perfiles vinculados al voluntariado, la participación ciudadana y el trabajo con distintas generaciones. |
| 11:00h | Mesa sobre liderazgo y compromiso social | Muestra cómo la experiencia madura puede convertirse en mentoría, impulso social, convivencia y transferencia de conocimiento. |
| 11:40h | Charla referente con José María Galíndez Zubiría | Refuerza la idea de que trayectoria profesional y compromiso social pueden seguir conectados después de la etapa laboral clásica. |
Resumen elaborado a partir del programa oficial publicado.
Uno de los mayores aciertos de Erreferenteak es que no se apoya en un relato idealizado sobre “personas mayores activas”, sino en trayectorias concretas. Eso permite ver el patrón que hay debajo. Nekane Eguzkitza aparece vinculada a Askabide tras jubilarse de un trabajo administrativo en Osakidetza; empezó acercándose como voluntaria y hoy participa enseñando castellano y acompañando procesos de integración. Isabel Pradas presenta otro camino: convertir la etapa posterior a la jubilación en un proyecto comunitario con impacto real, movilizando voluntariado joven desde la Fundación Fidias. Puri Yarnoz encarna la transferencia de experiencia profesional a personas emprendedoras y proyectos sociales desde SECOT. Y Marina Temprano conecta de forma especialmente valiosa con el terreno de la convivencia intergeneracional a través de Bizihabi.
No todo conocimiento valioso se convierte en una clase formal. A veces se convierte en mentoría, en criterio compartido, en una conversación que evita errores a otra persona, en acompañamiento para un proyecto que empieza o en una red que se abre gracias a décadas de experiencia.
Hay trayectorias que se reordenan tras una viudedad, un cambio de ritmo o una transición personal. No desde la resignación, sino desde una elección nueva: abrir espacio a una relación significativa, a una causa o a una estructura de apoyo mutuo.
Algunas personas no destacan por “hacerlo todo”, sino por algo más escaso: saben convocar, conectar, sostener un grupo, sumar generaciones distintas y crear espacios donde otros también pueden aportar.
El liderazgo maduro no siempre necesita cargo. A veces se expresa en la capacidad de movilizar voluntariado, ordenar una iniciativa, sostener una causa o ayudar a que otras personas encuentren su propio papel.
También es relevante que el programa reúna perfiles más visibles, como Martín Fiz, con otros muy pegados al tejido social y comunitario. La propia bio publicada sobre Fiz lo presenta no solo como atleta, sino como una figura vinculada a iniciativas solidarias y a actividades donde personas de distintas edades se reúnen para fomentar hábitos saludables y fortalecer lazos entre generaciones. A la vez, perfiles como Alberto Martínez del Amo, Alba García o José María Galíndez Zubiría amplían el foco hacia participación ciudadana, juventud, ética sociosanitaria, innovación social, inversión de impacto y compromiso con causas colectivas.
La lección útil no es “qué admirables son estas personas”, sino “qué decisión concreta tomaron para seguir siendo valiosas en relación con otras personas”.
Eso cambia completamente la lectura. Porque si el mensaje se queda en la admiración, el lector se aleja. Pero si el mensaje se traduce en patrones replicables, aparece la posibilidad. Tal vez no vayas a fundar una organización. Tal vez no quieras dar una charla pública. Tal vez ni siquiera quieras comprometerte con algo muy grande. No hace falta. Lo decisivo es identificar de qué forma quieres seguir aportando: compartiendo saber, acompañando, creando, abriendo hogar, conectando generaciones o activando una comunidad pequeña pero real. Ahí es donde un evento como este deja de ser una agenda y se convierte en un espejo útil.
No todo el mundo está en el mismo momento ni quiere lo mismo. Ese es otro error habitual: tratar la longevidad como si fuera una categoría uniforme. La realidad es mucho más compleja. Por eso, para leer bien el sentido de Erreferenteak, conviene distinguir al menos cuatro escenarios frecuentes. No son cajones cerrados; son formas de orientarse.
Sueles sentir que todavía tienes mucho que dar, pero te falta traducción práctica. No te falla la motivación; te falta un formato concreto. Aquí sirven especialmente los ejemplos cercanos y los primeros pasos pequeños.
No necesitas montar algo enorme para seguir siendo relevante. Puedes enseñar, orientar, acompañar o mentorizar con ritmos acotados y compromisos claros. La clave está en el encaje, no en el tamaño.
A veces lo que se busca no es llenar agenda, sino construir relaciones con sentido. La intergeneracionalidad aporta mucho aquí porque no se limita al entretenimiento: genera reciprocidad, aprendizaje y presencia cotidiana.
Hay personas que no solo quieren participar, sino poner a disposición algo concreto: una habitación, una agenda de contactos, una capacidad de organizar, un oficio, una experiencia profesional o un saber doméstico y relacional.
La fuerza del evento está en que habla a todos esos perfiles a la vez sin rebajar el mensaje. No hace falta elegir entre inspiración y utilidad. Se puede mostrar dignidad, posibilidad y humanidad sin caer en un discurso blando. De hecho, esa mezcla es la única que sirve de verdad: una narrativa capaz de emocionar, pero también de orientar una decisión.
Una de las claves de fondo de este artículo es no presentar la intergeneracionalidad como algo simplemente “bonito”. Cuando se hace eso, se vuelve ornamental. Parece una idea agradable para jornadas, campañas o titulares, pero no una palanca real de bienestar, cohesión y apoyo mutuo. Sin embargo, el propio enfoque de Erreferenteak ya apunta a otra dirección: enseñar, acompañar, crear y cuidar en relación con otras generaciones significa reconocer que una sociedad longeva necesita puentes concretos entre edades, no compartimentos estancos.
Ahí es donde la visión de Kuvu encaja de manera natural y sin forzar nada. Kuvu no entra en esta conversación como publicidad añadida, sino como una forma concreta de activar relaciones intergeneracionales reales. Su propia web explica que selecciona a las personas compatibles, facilita una entrevista personal, formaliza el acuerdo de convivencia, hace seguimiento continuo y ofrece mediación si surge cualquier problema. También define su misión como la de crear hogares compartidos que transforman vidas y vincula esa propuesta con la mejora de la calidad de vida y la reducción de la soledad y el aislamiento social.
Eso importa porque convierte una intuición social en una estructura útil. Y la diferencia entre ambas cosas es enorme. Muchas personas están de acuerdo en que deberían existir más relaciones entre generaciones. Pocas veces se concreta cómo hacer que eso ocurra bien. Con criterios, con cuidado, con acuerdos claros y con seguimiento. La convivencia intergeneracional, cuando está bien diseñada, no es una improvisación sentimental. Es una infraestructura de apoyo mutuo donde cada parte conserva criterio, libertad y papel propio.
Además, ayuda a corregir un sesgo muy extendido: pensar que las personas mayores solo reciben y que las jóvenes solo demandan. La realidad es bastante más rica. Las personas mayores aportan experiencia, estabilidad, referencia, presencia y hogar. Las jóvenes aportan energía, compañía, reciprocidad, mirada nueva y continuidad de relación. Ninguna parte queda reducida a un rol pasivo. Y precisamente por eso la intergeneracionalidad bien planteada no infantiliza a nadie: ordena una relación entre personas adultas con valor mutuo.
Este selector no decide por ti. Solo traduce una intuición en una dirección más concreta. Marca la opción que más se parezca a tu momento actual y utilízala como brújula para dar un primer paso realista.
Tu mejor siguiente paso no parece ser “hacer más cosas”, sino poner nombre a lo que ya sabes y compartirlo con intención. Puedes mentorizar, enseñar, orientar o acompañar a personas jóvenes, emprendedoras o entidades de tu entorno. No necesitas empezar con un gran programa: basta con una conversación útil, una sesión mensual o una colaboración concreta.
La mayoría de las personas no necesitan una revolución para empezar. Necesitan claridad. Este plan sirve precisamente para eso: bajar el discurso a una secuencia sencilla y ejecutable, sin humo y sin exigencias irreales.
El primer paso correcto suele ser más pequeño de lo que imaginas y más concreto de lo que te cuentas.
Otro asunto importante: muchas veces el bloqueo no está en la persona que se jubila, sino en la forma en que el entorno le habla. Si la conversación gira alrededor de “entretenerse”, “estar ocupado” o “no aburrirse”, se reduce una transición compleja a una gestión superficial del tiempo libre. Esa mirada se queda corta y, en algunos casos, resulta directamente condescendiente.
Una conversación mejor parte de otro lugar. No de la preocupación difusa, sino del reconocimiento de valor. No de “a ver qué haces ahora”, sino de “qué te gustaría seguir poniendo en juego”. No de “ya has trabajado bastante”, sino de “qué parte de tu experiencia merece seguir contando”. Cambiar las preguntas cambia la escena completa.
Descansar puede ser necesario. Parar un tiempo también. Pero ni una cosa ni la otra deberían confundirse con perder lugar. La cuestión no es exigir productividad perpetua. La cuestión es proteger la posibilidad de seguir siendo significativo para uno mismo y para otras personas.
Ahí es donde los ejemplos cercanos hacen tanto bien. Porque no presionan; orientan. No dicen “deberías hacer esto”, sino “mira cuántas formas distintas existen de seguir aportando”.
Si nos tomamos en serio la longevidad, no basta con celebrar casos inspiradores. Hay que preguntarse qué estructuras necesitamos para que esos casos dejen de ser excepcionales y se vuelvan más accesibles. Y aquí la palabra importante es estructura. Estructura comunitaria. Estructura relacional. Estructura intergeneracional. Estructura institucional que no infantilice. Estructura que permita a una persona encontrar una vía de participación sin sentirse fuera de lugar ni obligada a encajar en moldes rígidos.
Eso implica asumir varias cosas a la vez. La primera: que la experiencia acumulada de las personas mayores es un activo social infrautilizado. La segunda: que la jubilación no puede seguir pensándose solo como retirada o descanso. La tercera: que una sociedad envejecida necesita diseñar mejor sus relaciones entre generaciones si quiere sostener bienestar, cohesión y aprendizaje compartido. Y la cuarta: que los ejemplos cercanos importan porque convierten la posibilidad en algo imaginable y replicable.
Por eso un evento como Erreferenteak tiene un valor que va más allá de una mañana de programa. Funciona como señal cultural. Dice algo que conviene repetir con claridad: el problema no es que las personas lleguen a una etapa madura de la vida, sino que demasiadas veces lleguen a ella sin estructuras adecuadas donde su experiencia pueda seguir teniendo impacto.
Y por eso también tiene sentido que Kuvu aparezca en esta conversación. Porque una sociedad más longeva, comunitaria e intergeneracional no se construye solo con ideas correctas. Se construye con puentes reales. Algunos serán de mentoría. Otros de voluntariado. Otros de barrio. Otros de hogar compartido. Lo decisivo es que existan, que estén bien cuidados y que permitan a las personas elegir de nuevo cómo participar.
El planteamiento oficial del evento va claramente en la segunda dirección. Su claim central es que jubilarse no es parar, es elegir, y la presentación pone el foco en personas de Bizkaia que han convertido su experiencia en acción, enseñando, acompañando, creando y cuidando.
La página oficial indica que el evento se celebra el 28 de abril en la Sala BBK de Bilbao. En la agenda publicada aparecen bloques entre las 09:15h y las 12:15h, con apertura, charlas referentes y mesas redondas.
El programa reúne perfiles ligados al deporte, la mentoría sénior, el voluntariado, la participación juvenil, la convivencia intergeneracional y el liderazgo social. Entre los nombres publicados figuran Martín Fiz, José María Galíndez Zubiría, Nekane Eguzkitza, Alberto Martínez del Amo, Alba García, Isabel Pradas, Marina Temprano y Purificación Yarnoz.
No. La convivencia es una de sus formas más potentes, pero no la única. También hay intergeneracionalidad cuando se comparte saber, se mentoriza, se acompaña, se crean proyectos conjuntos o se activa comunidad entre personas de distintas edades. Lo importante no es solo la mezcla de edades, sino la reciprocidad real.
Kuvu aporta una manera concreta de pasar del discurso a la relación real. Según explica su web, selecciona perfiles compatibles, facilita una entrevista, formaliza acuerdos de convivencia y realiza seguimiento continuo con opción de mediación. Eso convierte la intergeneracionalidad en una estructura cuidada, no improvisada.
No hace falta empezar por un gran compromiso. Lo más útil suele ser elegir una sola forma de seguir aportando —enseñar, acompañar, abrir red, activar comunidad o explorar una convivencia intergeneracional— y probar una acción pequeña pero real. Ver el programa o inscribirse en el evento puede ser ya un primer paso razonable si necesitas referencias cercanas antes de decidir.
Irene Eguiazu (15/04/2026)
Irene Eguiazu (08/04/2026)